Modelos Imperfectos de Maternidad

 

Una mártir imaginaria

En más de un hogar las quejas inútiles de la dueña de casa crean una atmósfera muy desdichada. Ella se aparta con desagrado de las sencillas tareas de su humilde vida doméstica. Considera como penalidades los cuidados y deberes que le tocan en suerte; y lo que, mirado con buen ánimo, podría hacerse no sólo agradable e interesante, sino provechoso, llega a ser tan sólo penosa rutina. Mira con repugnancia la esclavitud de su vida y se imagina que es una mártir.

Es verdad que las ruedas de la maquinaria doméstica no funcionan siempre suavemente; suceden muchas cosas que prueban la paciencia y la fortaleza. Pero si bien las madres no son responsables de las circunstancias que no dependen de su voluntad, es innegable que las circunstancias pueden influir mucho en su trabajo. Sin embargo, esas madres resultan condenables cuando permiten que dichas circunstancias las gobiernen y subviertan sus principios, cuando se cansan y, siendo infieles a su elevado cometido, descuidan lo que saben es su deber.

La esposa y madre que vence noblemente las dificultades bajo las cuales otras personas sucumben, por falta de paciencia y fortaleza para perseverar, no sólo llega a ser fuerte ella misma al cumplir su deber, sino que su experiencia al vencer tentaciones y obstáculos la habilita para ayudar con eficiencia a otros, tanto por sus palabras como por su ejemplo. Muchas personas que obran bien en circunstancias favorables parecen sufrir, bajo la adversidad y las pruebas, una transformación en su carácter, y éste revela un deterioro proporcional a las dificultades.

Nunca quiso Dios que hubiésemos de ser juguetes de las circunstancias.

Alberga un descontento pecaminoso

Muchísimos esposos e hijos que no encuentran motivo alguno de atracción en la casa y de continuo son saludados con regaños y murmuraciones, buscan consuelo y diversión lejos del hogar, en la taberna u otros lugares de placer prohibido. A menudo, la esposa y madre, ocupada con los cuidados de la casa se olvida de las pequeñas cortesías que harían del hogar un sitio agradable para el esposo y los hijos, aun cuando en presencia de ellos no se queja mucho de sus vejámenes y dificultades peculiares. Mientras ella está ocupada en la preparación de algo que comer o de alguna prenda de vestir, el esposo y los hijos entran y salen como extraños.

Aunque la dueña de casa cumpla con exactitud sus deberes externos, puede suceder que esté continuamente clamando contra la esclavitud a la cual está condenada, y exagere sus responsabilidades y restricciones al comparar su suerte con lo que ella considera la vida superior de la mujer.... Mientras que anhela infructuosamente una vida diferente, alberga un descontento pecaminoso y hace de su hogar un lugar muy desagradable para su esposo y sus hijos.

Atareada en insensateces

Satanás ha preparado atracciones placenteras tanto para los padres como para los hijos. Sabe que si puede ejercer su poder engañador sobre las madres ha logrado mucho. Los caminos del mundo están llenos de engaño, fraude y desgracia, pero él les da una apariencia atrayente; y si los niños y los jóvenes no reciben cuidadosa preparación y disciplina, se extraviarán inevitable mente. No teniendo principios fijos, les será difícil resistir la tentación.

Asumen cargas innecesarias

Muchas madres dedican su tiempo a hacer naderías innecesarias. Prestan toda su atención a las cosas Relativos a este tiempo y a los sentidos, y no piensan en las cosas de interés eterno. ¡Cuántas descuidan a sus hijos, y los pequeñuelos se crían toscos y carentes de cultura!

Cuando los padres, y especialmente las madres, tengan un sentido verdadero de la obra importante y cargada de responsabilidad que Dios les ha dado que hacer, no se enfrascarán tanto en los asuntos que conciernen a sus vecinos, pero no les atañen a ellas. No irán de casa en casa para entregarse a chismes corrientes ni se espaciarán en los defectos, yerros e inconsecuencias de sus prójimos. Sentirán tanta preocupación por sus propios hijos que no podrán hallar tiempo para pensar en el oprobio de sus vecinos.

Si una mujer pide a Dios fuerza y consuelo y, temiéndole, procura cumplir sus deberes diarios, se granjeará el respeto y la confianza de su esposo y verá a sus hijos madurar en hombres y mujeres honorables, dotados de vigor moral para hacer lo recto. Pero las madres que descuidan sus oportunidades actuales, y dejan recaer sobre otros sus deberes y cargas, encontrarán que su responsabilidad permanece la misma, y segarán con amargura lo que hayan sembrado en su negligencia y descuido. Nada se hace por casualidad en esta vida; la mies será determinada por el carácter de lo sembrado.

La Salud de la Madre y su Apariencia Personal

La salud de la madre debe apreciarse

Hay que velar con cariño por las fuerzas de la madre. En vez de permitir que las malgaste en tareas agotadoras, hay que reducir sus cuidados y cargas. Muchas veces el esposo y padre desconoce las leyes físicas que el bienestar de su familia exige que conozca. Absorto en la lucha por la vida, o empeñado en labrarse una fortuna y acosado por cuidados y apuros, permite que caigan sobre la esposa y madre cargas que agotan sus fuerzas en el período más crítico de su vida y le causan debilidad y enfermedad.

Concuerda con su propio interés y el de su familia que se ahorre todo recargo innecesario de trabajo y que emplee todos los medios de que dispone para conservar la vida, la salud y las energías que Dios le dio. Porque necesitará para su gran obra el vigor de todas sus facultades. Debiera pasar una parte de su tiempo al aire libre, haciendo ejercicio físico, a fin de quedar vigorizada para hacer su trabajo dentro de la casa con buen ánimo y esmero, siendo la luz y la bendición del hogar.

Deben defender la reforma pro salud

La voluntad de Dios ha sido claramente expresada a todas las madres; el quiere que por sus preceptos y su ejemplo defiendan la reforma pro salud. Deben ser firmes en los buenos principios y en ningún caso violar las leyes físicas que Dios implantó en su ser. Con leal propósito y firme integridad, las madres dispondrán del poder y de la gracia del Cielo para dejar brillar su luz en el mundo, tanto por su propia conducta justa como por el carácter noble de sus hijos.

Tenga dominio propio en la alimentación

La madre necesita ejercer el más perfecto dominio propio; y para conseguirlo debe tomar toda precaución posible contra cualquier disturbio físico o mental. Debe ordenar su vida de acuerdo con las leyes de Dios y de la salud. Como la alimentación afecta materialmente el intelecto y la disposición, la madre debe ser muy cuidadosa al respecto y comer alimentos nutritivos, pero que no sean estimulantes a fin de tener nervios serenos y genio apacible. Le resultará entonces más fácil manifestar paciencia para tratar con las variables tendencias de sus hijos y para sostener las riendas del gobierno con firmeza y sin embargo afectuosamente.

Irradia alegría en toda circunstancia

La madre puede y debe hacer mucho para dominar sus nervios y ánimo cuando esté deprimida. Aun cuando está enferma, puede, si se educa a sí misma, manifestar una disposición agradable y alegre, y puede soportar más ruido de lo que una vez creyera posible. No debiera hacer sentir a los niños su propia flaqueza y nublar sus mentes jóvenes y sensibles por su propia depresión de espíritu, haciéndoles sentir que la casa es una tumba y que la pieza de mamá es el lugar más lúgubre del mundo. La mente y los nervios se entonan y fortalecen por el ejercicio de la voluntad. En muchos casos, la fuerza de voluntad resultará ser un potente calmante de los nervios. No dejéis que vuestros hijos os vean con rostros ceñudos.

Aprecie la estima de su esposo y de sus hijos

Cuando hacen su trabajo, las hermanas no deben vestir ropas que les den el aspecto de espantapájaros. A sus esposos e hijos les agradará aun más que a las visitas o a los extraños el verlas vestidas con ropas que les sienten bien. Algunas esposas y madres parecen creer que no tiene importancia el aspecto que ofrecen cuando trabajan y cuando las ven tan sólo sus familiares, pero son muy meticulosas en cuanto a vestirse con gusto si las han de ver personas hacia quienes no tienen obligaciones. ¿No deben apreciarse la estima y el amor del marido y de los hijos antes que los manifestados por extraños o amigos comunes? La felicidad del padre y de los hijos debe ser para toda esposa y madre más sagrada que la de todos los demás.

Lleve Vd. ropas que le sienten bien. Esto aumentará el respeto de sus hijos hacia Vd. Procure que ellos también vistan en forma adecuada. No permita que contraigan hábitos de desaseo.

No sea esclava de la opinión pública

Con demasiada frecuencia las madres manifiestan una sensibilidad mórbida con respecto a lo que los demás puedan pensar acerca de sus vestidos y opiniones; y son en gran medida esclavas de lo que piensan acerca de cómo otras personas las consideran. ¿No es lamentable que seres humanos encaminados hacia el juicio divino se rijan más por el pensamiento de lo que sus prójimos se imaginarán acerca de ellos antes que por el recuerdo de su obligación hacia Dios? Demasiado a menudo sacrificamos la verdad a fin de armonizar con las costumbres, para evitar el ridículo....

Una madre no puede someterse a la servidumbre de la opinión; porque debe educar a sus hijos para esta vida y para la venidera. En lo que toca al vestido, las madres no deben hacer ostentación de adornos inútiles.

Den lecciones de aseo y pureza

Si las madres se permiten llevar vestidos desaseados en la casa, enseñan a sus hijos a seguir por el mismo camino del desaliño. Muchas madres piensan que en la casa cualquier ropa es bastante buena, por sucia y desaliñada que esté. Pero pronto pierden su influencia en la familia. Los hijos comparan el vestido de la madre con el de quienes visten con aseo, y se debilita el respeto que le tienen.

Madres, haceos tan atrayentes como podáis; no por atavíos elaborados, sino llevando vestidos limpios, que os queden bien. Así daréis constantemente a vuestros hijos lecciones de aseo y pureza. Para toda madre el amor y el respeto de sus hijos debe ser lo más valioso. Todo lo que ella lleve sobre su persona debe enseñar el aseo y el orden y quedar asociado con la pureza en el recuerdo de ellos. Aun en la mente de los niños en tierna edad existe un sentido de lo que queda bien, una idea de lo que es propio; y ¿cómo puede hacérseles comprender lo deseable que son la pureza y la santidad cuando tienen diariamente bajo los ojos vestidos sucios y habitaciones desordenadas? ¿Cómo puede invitarse a que entren en moradas tales los huéspedes celestiales, que moran donde todo es puro y santo?

El orden y el aseo constituyen la ley del cielo; y a fin de ponernos en armonía con la disposición divina, tenemos el deber de revelar aseo y buen gusto.